Sobre el caso Pablo Herreros contra Telecinco

He llegado, no recuerdo cómo, a change.org, un portal para poner en marcha peticiones dirigidas a empresas o gobiernos a las que se pueda adherir cualquier internauta, y he leído la petición

Pide a los anunciantes de Telecinco que retiren su publi #lavozdePablo

El caso es la denuncia que Telecinco ha puesto contra el bloguero Pablo Herreros, pidiéndole reparaciones por una campaña que puso en marcha hace un año pidiendo a los anunciantes del programa La Noria que retirasen sus anuncios de dicho programa ya que se había entrevistado -pagando- a la madre del Cuco, uno de los desalmados que violaron y asesinaron a Marta del Castillo.

Personalmente os diré que he firmado esta solicitud, aunque no la inicial de Pablo Herreros, fundamentalmente porque no la conocí en su momento.

Pero mis reflexiones de esta entrada no se centran en la firma de peticiones como ésta -acciones irreprochables desde mi punto de vista- sino en las acciones colaterales, que creo que son las que finalmente hacen más mella en los anunciantes. Hoy mismo he leído que

Trivago escucha las peticiones en internet en favor de retirar su publicidad de Telecinco

Y a lo que me refiero en concreto con acciones colaterales es a los envíos masivos de correos electrónicos o mensajes a través de las redes sociales, muy próximos a ser, sino plenamente, métodos de extorsión.

Me explico. Todos sabemos que cuando se hace uso de cualquier recurso hasta sus límites, se satura: los SMS o las llamadas en Fin de Año saturan las redes de teléfono; la avalancha de peticiones para comprar entradas en un sitio web cuando se acaban de poner a la venta lo tiran… Si esta saturación se provoca voluntariamente estamos ante lo que se denomina un ataque por denegación de servicio (DoS en sus siglas en inglés, incluso DDoS, ataque distribuido de denegación de servicio, cuando la saturación se provoca por la acción de un gran número de atacantes). Cuando alguien nos pide que enviemos masivamente mensajes a un mismo destino, nos está pidiendo que saturemos sus recursos, que no están dimensionados para atender un número tan elevado de mensajes, y eso, para mí, es un DDoS.

Trivago indica en su Nota de prensa que ha escuchado los mensajes de los internautas (¿cuántos miles de mensajes habrán recibido?), pero esta iniciativa, desde mi punto de vista, debería desarrollarse sólo en change.org, recoger las 150.000 firmas que tienen como objetivo, y presentarles a las empresas anunciantes el resultado. Y sólo con esto las empresas deberían decidir. Pero si ADEMÁS se están enviando masivamente mensajes, se está desvirtuando la idea original y se está añadiendo un elemento coercitivo, que puede hacer que el resultado no sea totalmente legítimo. Porque yo me preguntaría “¿Trivago (o cualquier otra empresa anunciante) habría quitado su publicidad si no hubiera recibido los mensajes?”.  De hecho, el mismo Pablo Herreros en su Twitter enlaza una noticia con el titular “Trivago dejará de anunciarse en Telecinco tras el ‘acoso’ sufrido en las redes sociales por el caso”. Acoso.

Y permitidme que por no extenderme mucho -tal vez vuelva a comentar más sobre este caso o parecidos- haga una reflexión. Si no hubiera piquetes, ¿cuántos pequeños comercios cerrarían en una huelga general? Si no hubiera envíos colaterales de mensajes a los anunciantes, ¿cuántos retirarían la publicidad? Cuando un fin se consigue por medios extorsivos, pierde su legitimidad.

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